La pequeña estratega III
Casi las tres de la tarde...Marina y Josefina se habían reunido en su refugio, fumaban y dialogaban.
El calor las estaba abrumando, por lo que decidieron ir a jugar en una montaña de arena que había en el jardín de la casa de Marina. Pronto buscaron una pala, un balde y comenzaron a crear castillos de arena.
Pasado unos minutos, la pequeña hermana de Marina decide unirse al juego. (Ella no imaginaba lo que le esperaba...). Para evitar muchas manos en un plato, deciden dividirse el trabajo entre las tres: La pequeña revolvía la arena con sus manitos, Josefina juntaba la arena con la gran pala de hierro y la colocaba en el balde, y Marina lo transportaba hasta el sitio en donde construían el castillo.
Allí fue cuando Josefina decide enterrar la pala en la arena justo donde se encontraba las pequeñas manitos. De repente se escucha un fuerte grito, ¡si!, eso fue lo que sucedió, la niña lloraba y gritaba desesperada de dolor, la sangre dejaba rastros de maldad y de sufrimiento...
¿Qué creen que hizo Josefina? ¿Salió corriendo en busca de ayuda? ¿O se fugó? ¡Sí!, ¡Es lo que piensan! Josefina huyó despavorida, muerta de miedo, en ningún momento pensó en socorrer a la pobre chiquilla, ella… ¡solo quería salvarse!
Una hora más tarde. Todo el barrio buscando a la culpable de cometer semejante atrocidad, pero nadie la podía encontrar.Josefina se había escondido en su habitación, dentro de un armario.
En su casa no había nadie, todos habían salido... pasado unos minutos del encierro decide salir en silencio a tomar un poco de aire e investigar por la ventana que estaba ocurriendo allá afuera. A lo lejos, se distinguía el tronco de un viejo árbol podado, encima de él, el padre de Marina mirando hacia todos lados, ningún sitio quedaba escondido delante de sus ojos.
Esa imagen la puso tensa, nerviosa, y comenzó a transpirar mientras pensaba...
- ¿Por qué? ¿Por qué cometí tan grave error?
Pero ahí, no acabó todo, el gran observador posó sus ojos sobre la ventana donde Josefina espiaba y decidió acercarse al domicilio de la familia. Josefina, al ver esto, corrió y se introdujo nuevamente en el ropero. Desde allí podía escuchar el timbre y una voz que fuertemente decía: ¡abrí Josefina! ¡Abrí! ¡Sé que estas allí adentro! Pero ella... no contestaba...
A los pocos minutos se escucha el motor de un auto, Josefina sabía reconocer muy bien el sonido del vehículo de su padre, ¡y lo peor…es que era él!
Ambos padres se encontraron en la puerta de la casa, Josefina podía imaginar los ojos rojos de su padre. Siente un portazo... ya no quedaba tiempo, todo estaba perdido...
De pronto, en el interior del armario, un rayo de luz, dos ojos al rojo fuego, una mano que arrancando su oreja de un tirón la despidió de allí dentro.
Todo había terminado, era el momento de pedir disculpas, dar la cara, decir la verdad, y todas esas cosas que iban en contra de las ideologías de Josefina.
Fue entonces, cuando confesó a su padre:
- ¡Te juro que no fue mi intensión, nunca quise lastimarla! ¡Estabamos jugando y ella puso la mano justo cundo yo, con toda mi potencia, quise enterrar la pala! Pero... ¡fue sin querer! Y allí comenzó el llanto.
Entonces su padre dijo:
- Lo sé hijita, lo sé, pero... ¿Por qué no fuiste en busca de ayuda? ¿Por qué escapaste?
Y Josefina respondió mientras su padre acariciaba su rostro y secaba sus lágrimas:
- ¡Perdóname papá, pero al ver tanta sangre me descompuse y casi me desmayo, entonces, impresionada, corrí a casa a vomitar!
Monday, March 13, 2006
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